Hay veces que me pongo de los putos nervios en Instagram. Veo cuentas de gente joven como puedan ser primos o hijos de amigos que rondan los 16 años y alucino con la cantidad de likes que tienen en cada selfie chusquero que suben. Se fotografían delante del espejo del lavabo con el cagadero abierto en el fondo y una zurraspa asomando por la taza y van 250 likes. Foto ultra posada, selección de las tres mil que se hizo para asegurarse que comparte la mejor, con el texto «qué asco doy, odio mis michelines» y otros 400 likes.

Y tampoco es que añadan etiquetas aleatorias buscando que los exploradores de las redes sociales les den un corazoncito. Es que la mayoría de gente que les sigue le da a ese botón. La proporción entre seguidores y ‘me gusta’ en cada publicación es altísima, pongan lo que pongan.

Luego miro mis dibujos, que me llevan muchas horas terminar, y si llegan a 40 o 50 likes lo considero un éxito enorme. Y la mayoría de estos no son de gente que me sigue, sino de los exploradores, que lo dan y nunca más vuelvo a saber de ellos. Alguna vez he visto que un dibujo ha recibido likes ya no de gente que me sigue, sino de gente a la que, además, sigo yo también, y eso me hace valorar esas publicaciones mucho más. Cada vez que se me ilumina la pantalla del teléfono con un mensaje tipo «A -persona que sigues- le ha gustado tu publicación» me hace especial ilusión.

Y en esos momentos me pregunto, ¿por qué estos críos tienen 4 o 5 veces los ‘me gusta’ que tengo yo? Y está claro. Son likes automatizados. Sus amigos, familiares o simples interesados lo hacen con el fin de que cuando ellos compartan la enésima mierdifoto, el likeado piense «ah, él/ella me dio like, toca devolverle el favor». Aunque a veces creo que ni lo piensan, lo hacen de forma involuntaria, como si fuera un mecanismo que funciona más allá de su consciencia.

Sí, esa gente tiene contenido muy popular, pero no que le guste realmente a alguien. Los que pulsan el icono del corazón no se paran a mirar qué les gusta, no observan nada que les llame la atención, no ven nada que les deleite o les haga valorar ningún tipo de esfuerzo o pasión. «Es una foto de X persona = hay que darle al corazoncito».

Por eso, cuando veo que la gente que me sigue le ha dado like a cualquiera de mis dibujos, pienso que lo estoy haciendo bien, que esa persona se ha parado a mirar lo que me ha llevado tantas horas de creación y ha dicho «veo algo que me gusta aquí, creo que en esta ocasión sí merece un reconocimiento». Y eso gusta. Le da valor a ese pequeño gesto.

Así que sí, podría tener un montón más de seguidores que dieran like a todo lo que publico, pero sinceramente me gusta pensar que tengo más calidad que cantidad en ese aspecto.

Ha quedado un poco moñas esto, ¿no? A la mierda, en la próxima entrada rajaré sobre algo.

Comments (4)

  1. Responder

    bitch madafaka envié comentario y no se envió, pues envio otroññññññññññño
    decia por si no me oyes QUE QUÉ MONO CUANDO TE PONES MOÑO. lo otro es verdad
    ADIOS. LUEGO ME LEO EL COMA QUE LO TENGO PENDIENTIS

    • Dibujante de mierda

      Responder

      U__U
      Es que si te pones «ajdkhaskjfhnajokjsjf@gmail.ogt»… pues el filtro te cala.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *