A estas alturas de la vida no voy a ponerme a dar lecciones de nada a nadie. Primero porque no soy el más indicado para hacerlo y segundo porque cada uno debería hacer lo que le diera la gana. Pero en estos últimos días he aprendido bastante sobre la industria del cómic y sobre redes sociales, concretamente de Twitter. Todo empezó con un tweet que me mandaron por privado de un autor (que desconozco) justificando que calcar es tan válido como tomar referencia. Me gustaría pensar que la mayoría de dibujantes están en contra de esa aseveración y, leyendo las respuestas, daba esa sensación. Incluso titanes de la talla de Pepe Larraz entraron a la conversación desmontando los argumentos del autor original, todo siempre con las formas, la sencillez y la educación que caracterizan al madrileño. ¡Y entonces entra vuestro querido amigo, el dibujante de mierda, un servidor! Retuiteando un comentario en el que el el iniciador del tema ponía como ejemplo a Oku Hiroya, autor de Gantz, conocido por usar modelos 3D tanto para las poses de sus personajes como para los fondos, a modo de boceto. El tipo enseñaba una captura del mismo método usado por él mismo. Y no se me ocurre otra cosa que darle retuit diciendo, y copio textualmente: “Si el tiempo que pasas en hacer esas gilipolleces de 3D lo invirtieras en aprender a dibujar o a saber tomar referencias, a lo mejor no serías un paquete que necesita calcar” y la mítica imagen meme que parodia los títulos de Evangelion de “cállate hijo de puta…”. No era exactamente una muestra de diplomacia, pero al final, ¿a quién cojones le va a importar lo que diga un don nadie, verdad?

Pues a mucha gente, por lo visto… El autor me contestó al tweet con un escueto “Un abrazo”, cosa que pensé que le honraba por no entrar al trapo. Pero, oh sorpresa, que sí lo hizo… en privado, con sus amigos de Facebook. Cómo me llegué a enterar yo de eso es otro tema, pero lo gracioso fue que todos sus amigos empezaron a soltar bastante más mierda que la que yo solté en mi tweet original, yendo incluso a buscar dibujos míos para rajar de ellos y acusándome de calcar (uno de ellos incluso apostó su meñique poniendo una de mis últimas ilustraciones y es una lástima que no lo hiciera con un fajo de billetes al lado al más puro estilo Four Rooms, porque él se habría quedado sin meñique y yo con la pasta), cosa que me pareció hasta gracioso porque con ello daban a entender que esa obra en concreto les pareció que estaba tan bien, que para sus cortas entendederas no podría haberla hecho de forma normal. Por suerte siempre tengo vídeos ‘timelapse’ de todo lo que dibujo y a veces hasta lo hago en directo en Twitch, así que el que quiera apostar meñiques (y dinero), que me mande un privado.

Al final, algo que se inició como crítica (destructiva) hacia un método de trabajo con el que nunca estaré de acuerdo, como la mayoría de dibujantes, acabó en ataques personales y autores y editores de cómic poniéndome como el nuevo enemigo. A mí… que soy un don nadie… que ni Christopher lee mis tweets, que tengo 0 seguimiento en todas partes. Pues con eso lograron que se me viera más que nunca, un poco el clásico ‘efecto Streisand’.

Incluso el jefe de una editorial nacional, con cuenta verificada en Twitter, compartió el tweet (pero una captura y sin mencionarme, lo cual me pareció de cierta mala educación (*sigh*)) para hablar sobre el tema. ¿Un señor jefazo de una editorial dándome voz? ¿De verdad? Y ahí fue cuando arqueé la ceja y pensé: “¿En serio esta gente no tiene nada mejor que hacer?”. No es que el mundo del cómic en España esté como para perder el tiempo en nimiedades, y sin embargo ahí están todos, tuiteando furiosamente (aunque he de decir que este señor en concreto se comportó como tal) contra un media mierda como yo. Me gustaría saber si dedican el mismo tiempo y la misma atención a toda la gente que les dice cosas buenas, todos los dibujantes principiantes, aspirantes o simplemente seguidores que les comentan cuánto les gustan sus cómics, sus personajes y lo motivados que se sienten viendo sus trabajos. Y me temo que la respuesta es que no… Y no por lo que haya visto solamente en estos casos en concreto, sino que es algo que he visto demasiado en los autores que sigo por Twitter, que suelen dedicar más rato en contestar a gilipollas como yo que sueltan cualquier idiotez que a los seguidores que les dedican palabras de ánimo. No sé si es porque directamente tienen más trolls que fans o porque precisamente están tan acostumbrados a lo contrario que en cuanto alguien les suelta un improperio, tienen que sacar la antorcha. Pero como fan de tantísimos dibujantes y autores, siempre me ha entristecido ver cómo las buenas palabras a la gente que admiras se quedan en nada y los insultos son los que ganan atención. Y con esta situación lo he comprobado más que nunca. Si a ese autor le hubiera dicho “me gusta cómo dibujas”, a nadie le habría importado una mierda.

Y la otra cosa que me hace arquear las dos cejas y que se me ericen los pelos del culo es la doble moral. La justificación de algo dependiendo de quién venga. A poco que uno esté metido en el mundillo de los tebeos conocerá a David Rubín, pero seguramente por sus acciones y sus palabras más que por sus dibujos. Un tipo que, si puede insultar y bloquear porque le dices algo que no le gusta (ni siquiera algo negativo o con malas palabras), lo hará. Pero él es parte del “””sistema”””. Está en las editoriales grandes y eso automáticamente le exime de cualquier tipo de culpa que pudiera o pudiese tener en caso de ser faltón (que lo es). La justificación para alguien como él es que “le buscan las broncas”, no es que las cree él faltando a otros compañeros de profesión como se ha visto no pocas veces, es que “le buscan”… Pisotear el cómic de otro autor y subir la foto a redes es que “le buscan”… Sigue habiendo clases y clases hasta aquí, como dijo Orwell en ‘Rebelión en la granja’: “todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Pues eso. Que el mundo del cómic en España es un cortijo no muy grande y en cuanto no le bailas el agua a los cuatro que lo controlan (o a sus amigos), ya eres un enemigo de por vida. Y, sinceramente, no me podría importar menos. Seguiré dibujando cómics porque es lo que me gusta y todos estarán aquí, me da igual no pertenecer a la chupi-pandi o que algunos payasos me amenacen con hacerme malas reseñas, como si me importara dos mierdas.

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